Por todo ello, ya en los orígenes del mundo, las plantas inspiraron mitos y leyendas. Sin embargo, ha medida que la civilización se ha ido alejando de la naturaleza, el sentido y argumento de estas historias ha quedado en el olvido.
Muchas veces en mi vida me he sentido como una flor rara y ayer mismamente volví a tener ese sentimiento de ahí que escriba este post, hablando sobre mis flores preferidas que casualmente también resultan ¡ser raras!, supongo que tendremos algo que ver…
Me gustaría empezar hablando del EDELWEISS, la descubrí de pequeña viendo la peli “Sonrisas y Lágrimas”:
Como el amor, la flor del edelweiss espera en algún lugar recóndito y prácticamente inaccesible a que alguien la descubra para llevársela a casa. Aunque son tantos los que la persiguen, que corre el riesgo de extinguirse y ha tenido que ser declarada especie protegida. Su belleza y fortaleza han alimentado una leyenda viva que esconde ciertos misterios.
Su nombre científico es Leontopodium alpinum, proviene del griego y significa 'pie de león de los Alpes'. El tamaño puede variar entre 2,5 y 10 cm, pero su aparente fragilidad sólo es un espejismo tras el que se oculta una flor increíblemente resistente, capaz de sobrevivir a más de 3.000 metros de altitud y soportar las temperaturas extremas de las montañas alpinas.
En realidad, ésas son las condiciones adecuadas para su desarrollo, ya que sólo crece de forma natural por encima de los 1.500 metros, en paredes y pendientes calcáreas o sobre rocas, en aquellas hendiduras que reciben una pequeña dosis de luz solar. Una fibra vegetal la protege de las heladas y las radiaciones ultravioleta. Florece entre julio y septiembre y sus hojas pueden ser de color blanco, grisáceo o ligeramente amarillento.
Es una especie oriunda de las regiones montañosas europeas, su hábitat se extiende desde los Cárpatos hasta los Pirineos, aunque abunda especialmente en los Alpes austriacos y suizos. Se puede encontrar en España, en la parte centro-occidental de los Pirineos, desde el alto Aragón hasta Cataluña. También es posible encontrarla en algunas cordilleras asiáticas muy elevadas como la del Himalaya.
El solo hecho de tener que escalar montañas, y alcanzar difíciles recovecos para conseguir un ejemplar, casi justifica por sí sólo las múltiples historias y leyendas que se han generado en torno a ella. Pero aún hay más.
La edelweiss vive camuflada. Se esconde bajo la apariencia de una sola flor, cuando en realidad es un conjunto de diminutas florecillas que han evolucionado y crecen agrupadas para sobrevivir.
Los elementos centrales de color amarillo son capítulos, donde se agrupan flores tanto de género masculino como femenino; y lo que parecen pétalos blancos, en realidad, son brácteas, estructuras que la protegen durante su desarrollo.
La flor de edelweiss es actualmente una especie protegida. Se ha llegado a vender seca, incluso como souvenir, porque los turistas siempre han mostrado un gran interés por las historias de amor y aventura que lleva aparejadas.
Se la considera un símbolo de valor y coraje. La leyenda más extendida cuenta que los hombres que pretendían probar su amor tenían que subir más de 2.000 metros para conseguir una y entregarla a su amada.
También se dice que tomó su color de la luna, y que es capaz de huir de los esfuerzos de los hombres que la persiguen, elevándose cada vez más en la montaña. Representa el honor, el mundo de los sueños y el amor eterno, que nunca se secará. Su imagen es considerada como el reflejo perfecto de una belleza extraña y sosegada. En el lenguaje de las flores, edelweiss significa “escríbeme”.
Otra flor por la que siempre he tenido debilidad es LA STRELITZIA.
La Strelitzia o Ave del Paraiso, es nativa de Sudáfrica, donde crece salvaje en la costa de Cabo de Buena Esperanza. Llegó a Europa en 1773, tras una expedición botánica inglesa que tenía el encargo de descubrir y llevar semillas de nuevas especies vegetales para los Reales Jardines de Kew, fundados durante el reinado de Jorge III por su esposa Sophia Charlotte. Tras ser estudiada por el equipo científico del monarca, esta lor fue bautizada “Strelitzia Regina” en homenaje a la región alemana donde había nacido la Reina, Mecklenburg-Strelitz.
Su matrimonio con el Rey Jorge III fue uno de los más felices y fructíferos de la historia de la monarquía inglesa.
La Strelitizia se convirtió rápidamente en la flor favorita de la Reina, que la puso tan de moda que cientos de plantas se exportaron a las colonias inglesas como símbolo de estatus, sofisticación y poder social.
Así, al terminar el siglo XVIII se encuentran las primeras Strelitizias en los recién creados Estados Unidos de América, en Australia y las colonias británicas del Caribe, de África y Asia. Gracias a esta difusión, la Strelitzia llega por primera vez a las Canarias en los barcos que, procedentes del Reino Unido, fondeaban en las islas en su camino hacia los territorios transoceánicos del Imperio Británico.
Se necesitan entre siete y diez años para ver brotar la primera flor.
Mientras tanto, Rodrigo aprovechaba sus visitas para poner un veneno en la comida de Hernán. Él se fue enfermando y murió sin que nadie supiera qué había pasado. Carmen decidió enterrarlo en el jardín que tanto querían.
Cuentan que cada noche, esa flor se convertía en pájaro y volando iba a la hacienda de Rodrigo y le tocaba en la ventana. Rodrigo se llenaba de terror y al no poder soportar estas apariciones se volvió loco.
Carmen no pudo soportar estar separada de su gran amor, y poco a poco murió de tristeza. La enterraron junto a la tumba de su esposo. Esa noche, la flor color gris cambió a color naranja, llena de vida.

También llamado Girasól, calom, jáquima, maravilla, mirasol, tlapololote , maíz de teja es una planta herbácea de la familia de las Asteráceas, cultivada como oleaginosa y ornamental en todo el mundo. Debe su nombre común al hecho de que su inflorescencia gira a lo largo del día mirando hacia el sol.
Las inflorescencias crecen al cabo de un tallo que puede alcanzar varios metros de altura y que tiene pocas hojas. Los pétalos pueden ser amarillos, marrones, naranjas y de otros colores.
Me atrae mucho El NENÚFAR.
Su nombre latín nymphaea, viene de la palabra nympha, o sea, ninfa.
No obstante, el origen de esta palabra es griego nymphe y significa virgen, porqué los griegos antiguos atribuían propiedades afrodisíacas a esta planta, con frialdad, pureza y castidad, debido a la blancura de sus flores, y al hecho de vivir en aguas frías. Tanto se creía en la virtud afrodisíaca de esta planta, que se hacían infusiones y jarabes de la misma en conventos, seminarios y cenóbios.
Una antigua leyenda personifica al nenúfar en una monja de virtud imperturbable. El diablo, que pasaba cerca de un convento, oyó como resonaban cánticos melodiosos y se introdujo para escucharlos mejor.
Una monja de gran belleza le llamo la atención, y el muy pillo se propuso distraerla de sus plegarias, Su primera tentativa fue transformarse en un joven y galante caballero, pero tal hecho produjo su primera derrota, pues no le hizo ningún caso.
Su segundo intento fue cambiar el libro de cánticos de la monja por un libro erótico, pero tampoco sirvió de nada, puesto que la monja dio un vistazo, bostezó y se durmió.
Me atrae el misterio de LA MANDRÁGORA, ahora muy de moda por nombrarse en las películas de Harry Potter.

Antiguos documentos describen a la mandrágora como una planta que: "adormece el primer día y vuelve loco el segundo". La Mandragora officinarum o Atropa mandragora es notable por la influencia que ejerció en Europa durante el medioevo. Los campesinos de aquellos tiempos le tenían horror porque creían que poseía ciertas características humanas. En los textos de magia se habla de ella con verdadero culto. Contribuyeron mucho a la celebridad de esta planta los charlatanes que vendían su raíz en altísimos precios, gracias a las cualidades que le atribuían y a las que el vulgo daba completo crédito.
La palabra mandrágora es de origen griego y quiere decir "dañino para el ganado".
Esta planta crece en bosques sombríos, a la vereda de ríos y arroyos donde la luz del sol no penetra. Su raíz es gruesa, larga, generalmente dividida en dos o tres ramificaciones de color blancuzco que se extienden por el suelo; sus hojas son de un tono verde oscuro; sus flores son blancas, ligeramente teñidas de púrpura; el fruto es parecido a una manzana pequeña y exhala un olor fétido.
Se supone que Julieta empleó un elixir preparado con mandrágora para fingir su muerte, mientras que Romeo se envenenó con acónito.
En su Herbarium, Apuleius prescribe "para la idiotez, que es enfermedad del diablo o posesión demoniaca, tomar del cuerpo de la planta llamada mandrágora el peso de tres peniques, administrarla para beber en agua caliente... el enfermo pronto se curará." Las creencias más arraigadas durante esta época consideran también que la mandrágora elimina la esterilidad; de hecho hay referencias bíblicas en este sentido (Génesis XXX.14).
Supongo que la aleccion de éstas plantas tiene que ver mucho conmigo, ya que en muchas ocasiones me siento como una de ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario